- Familiares y amigos denuncian falta de avances en la investigación y la ausencia de una alerta migratoria contra el señalado; advierten que continuarán las movilizaciones hasta lograr su captura.
A nueve días del fallecimiento de la joven universitaria Beany Guadalupe Lozano García y a 21 días del ataque armado que terminó arrebatándole la vida, familiares y amigos continúan exigiendo justicia y la captura del presunto responsable, identificado como José Manuel “N”, alias “Tito”, quien permanece prófugo.
La mañana de este lunes, el silencio del panteón se rompió con el llanto contenido y las consignas que brotaban entre flores frescas y veladoras encendidas. Frente a la tumba de Beany, sus seres queridos se congregaron no solo para recordarla, sino para mantener viva la exigencia de justicia que, aseguran, sigue sin respuesta clara por parte de las autoridades.
Con fotografías en mano y pancartas improvisadas, familiares denunciaron que, pese al tiempo transcurrido, no existe una alerta migratoria ni una ficha de búsqueda oficial contra quien señalan como el presunto agresor. Esta omisión, afirmaron, ha incrementado el temor de que el responsable haya logrado salir del país sin enfrentar la ley.
“Nos piden paciencia, pero no vemos resultados”, reprochó uno de los familiares durante el acto, donde también se escucharon cuestionamientos directos hacia las autoridades municipales y estatales. Aseguran que, hasta ahora, las investigaciones no han derivado en acciones concretas para localizar y detener a José Manuel “N”, pese a que —según sostienen— existen pruebas contundentes como videos, audios y testimonios que lo incriminan.
El caso de Beany ha tocado fibras profundas en Tapachula. La joven universitaria fue víctima de un ataque armado que la dejó gravemente herida. Durante días luchó por su vida en un hospital, mientras su familia se aferraba a la esperanza. Sin embargo, las lesiones provocadas por los disparos terminaron por arrebatarle la vida, marcando a su círculo cercano y a una comunidad que hoy exige justicia.
Desde entonces, la indignación se ha traducido en movilizaciones constantes. Una de las más numerosas reunió a más de 500 personas, en su mayoría mujeres, que marcharon desde el parque Miguel Hidalgo hasta las instalaciones de la Fiscalía de Distrito Fronterizo Costa. Ahí, entre consignas y exigencias, pidieron que el caso no quede en el olvido ni en la impunidad.
Colectivos ciudadanos se han sumado al reclamo, señalando que este crimen no solo representa una tragedia individual, sino también un reflejo de la violencia que enfrentan las mujeres en la región. Han exigido transparencia en las investigaciones y resultados inmediatos que permitan llevar al presunto responsable ante la justicia.
Mientras tanto, la familia de Beany insiste en que no detendrá su lucha. Frente a su tumba, entre lágrimas y palabras de despedida, reiteraron que continuarán con manifestaciones, protestas y acciones públicas hasta obtener respuestas claras y la detención del señalado.
El eco de sus voces resuena más allá del panteón. En Tapachula, el nombre de Beany Guadalupe Lozano García se ha convertido en símbolo de una exigencia colectiva: justicia pronta, efectiva y sin dilaciones.




















