Un total de 31 jóvenes de la clase 2007 y remisos comenzaron su preparación en el Cuarto Regimiento de Caballería; algunos buscan hacer carrera dentro de las Fuerzas Armadas y otros cumplir este proceso para continuar con sus estudios.
Tapachula, Chiapas.— Con cinco mujeres voluntarias entre sus filas, este sábado 15 de agosto inició el segundo escalón 2026 del Servicio Militar Nacional (SMN) en las instalaciones del Cuarto Regimiento de Caballería de Tapachula, donde 31 jóvenes comenzaron un periodo de formación militar y cívica.

El contingente está conformado por 26 hombres y cinco mujeres de la clase 2007 y remisos. Desde las primeras horas de esta etapa, los participantes comenzaron a familiarizarse con un entorno marcado por la disciplina, la organización y el cumplimiento de instrucciones.

La ceremonia fue encabezada por el general de Brigada de Estado Mayor Netzahualcóyotl Albarrán Mendoza, comandante de la 36ª Zona Militar. También participó el teniente coronel de Caballería Rigoberto Vega Martínez, segundo comandante del Cuarto Regimiento de Caballería, además de autoridades militares y los presidentes municipales de Tuxtla Chico y Metapa de Domínguez.

El programa que recibirán los conscriptos contempla conocimientos básicos de doctrina militar, adaptación al medio castrense y empleo de armamento, además de preparación para formar parte de las reservas y estar en condiciones de responder ante una eventual movilización.
La instrucción no se limitará al ámbito estrictamente militar. Los jóvenes también participarán en actividades relacionadas con valores cívicos, respeto a los derechos humanos y símbolos patrios, así como capacitación para apoyar a la población en situaciones de emergencia o desastre mediante el Plan DN-III-E.
Entre quienes comenzaron esta experiencia se encuentra Damaris, una de las cinco mujeres que decidieron incorporarse voluntariamente. Recién terminó la preparatoria y desde su adolescencia comenzó a interesarse por las Fuerzas Armadas.


La joven recordó que aproximadamente a los 12 años empezó a buscar información sobre la vida militar, motivada inicialmente por la convivencia con su padre. Con el paso del tiempo, aquella curiosidad se transformó en una aspiración profesional.
“Estoy feliz, estoy contenta porque estoy logrando uno de los sueños que tanto he querido”, expresó durante el inicio de su preparación.
Damaris tiene claro que obtener su cartilla no es su única meta. Al terminar esta etapa pretende buscar la posibilidad de darse de alta y continuar una carrera dentro de las Fuerzas Armadas. Entre las opciones que le llaman la atención se encuentra el área aeronáutica.
También destacó la oportunidad que representa para las mujeres participar voluntariamente en el Servicio Militar Nacional, al considerar que su incorporación permite ampliar las posibilidades de desarrollo dentro de espacios históricamente ocupados principalmente por hombres.
“Nos abren las puertas para estar dentro de esto, lograr más cosas y demostrar que también las mujeres podemos estar aquí”, señaló.
No todos los participantes tienen como objetivo convertirse en militares. Juan Pablo, estudiante del área de sistemas, explicó que decidió cumplir con el servicio para obtener su cartilla liberada, continuar con su preparación académica y fortalecer aspectos personales como la disciplina.
Su proyecto está enfocado en terminar sus estudios, incorporarse al mercado laboral y posteriormente buscar una maestría o doctorado. Sin embargo, reconoció que vivir esta experiencia puede permitir a otros jóvenes descubrir una posible vocación dentro del Ejército.
Para las autoridades militares, el Servicio Militar busca que los participantes desarrollen responsabilidad, disciplina, valores y capacidades que puedan aplicar tanto dentro de la institución como en su vida cotidiana y en beneficio de sus comunidades.
El arranque del segundo escalón mostró así distintas razones para vestir por primera vez como integrantes del Servicio Militar: desde cumplir con un requisito y continuar una carrera profesional, hasta convertir esta preparación en el primer paso para ingresar a las Fuerzas Armadas.
Durante los próximos meses, los 31 jóvenes enfrentarán un proceso de instrucción que pondrá a prueba su constancia y disciplina. Para cinco de ellos, además, esta generación tendrá un significado particular: son mujeres que voluntariamente decidieron incorporarse y ocupar un lugar dentro de la formación militar en Tapachula.















