Tapachula, Chiapas.— Han pasado más de cinco meses desde la fecha en que estaba anunciado el concierto de Marco Antonio Solís “El Buki” en Tapachula, y quienes estuvimos involucrados en el proyecto, así como empresas, patrocinadores y compradores de boletos, seguimos esperando respuestas claras.
Yo hablo como una de las personas afectadas, pero también como portavoz de varias empresas y personas que, por distintas razones, decidieron confiar en este proyecto y hoy enfrentan pérdidas económicas, incertidumbre y, sobre todo, la necesidad de ser escuchadas.

Lo que comenzó como una oportunidad para llevar a Tapachula un espectáculo de gran magnitud terminó convirtiéndose en una situación que dejó consecuencias económicas para muchas personas.
Desde meses antes del concierto comenzamos a trabajar en la promoción y operación local. Se realizaron gestiones con empresas de publicidad, medios de comunicación, proveedores, patrocinadores y diferentes establecimientos de la región.
Se invirtió tiempo, trabajo y recursos con la expectativa de que el evento se llevaría a cabo.
Sin embargo, conforme se acercaba la fecha, comenzaron a surgir situaciones que generaron preocupación.

También tuvimos conocimiento de personas vinculadas con la empresa que se presentó como responsable del proyecto, quienes comenzaron a tener contacto directo con proveedores y empresas con las que previamente se habían realizado negociaciones desde Tapachula.
A partir de ese momento surgieron diferencias relacionadas con costos, comisiones, patrocinios y condiciones comerciales.
Para quienes estábamos trabajando localmente, la situación comenzó a generar muchas dudas.
Uno de los aspectos que más llamó nuestra atención fue la solicitud de patrocinios por cantidades que, según se nos planteaba, podían superar los 100 mil pesos para obtener presencia de marca dentro del evento.
Mientras tanto, la publicidad continuaba, los boletos seguían vendiéndose y muchas personas confiaban en que el concierto finalmente se realizaría.
Entre los compradores había personas de Tapachula, de otros municipios e incluso de Guatemala, quienes habían adquirido sus entradas con la ilusión de asistir al espectáculo.
La preocupación aumentó después de que se conoció la cancelación de otra presentación relacionada con la gira en Tuxtla Gutiérrez.
A pesar de ello, continuábamos recibiendo información de que el evento de Tapachula seguía adelante.
Finalmente, apenas unos días antes de la fecha programada, recibimos la noticia de que el concierto no se realizaría como estaba previsto.
En un primer momento, se habló de un posible “cambio de fecha”.
Y ahí comenzó una situación todavía más complicada: los reembolsos.
Hasta este momento, seguimos teniendo conocimiento de personas que aseguran no haber recuperado su dinero.
No contamos con información oficial que nos permita establecer cuánto dinero se recaudó realmente por la venta de boletos.
Sin embargo, de acuerdo con estimaciones realizadas por personas involucradas en la operación local, la venta podría haber representado varios millones de pesos.
También hubo empresas que apostaron por el proyecto mediante patrocinios y compra de boletos para entregarlos a sus trabajadores, clientes o colaboradores.
Hay casos de personas y empresas que realizaron inversiones importantes.
Algunas habrían destinado decenas de miles de pesos en boletos y, sumando patrocinios y otros gastos relacionados con el evento, algunas inversiones pudieron alcanzar alrededor de 100 mil pesos.
Pero el problema no termina en el dinero.
Después de que el concierto no se realizara, las personas que dieron la cara no tenían el control de los recursos ni de las decisiones finales, pero así enfrentaron los problemas.
Y eso también duele.
Porque detrás de cada boleto hay una persona que ahorró, una familia que planeó asistir, un trabajador que compró una entrada, una empresa que quiso apoyar un espectáculo y un proveedor que puso su trabajo y sus recursos.
No estamos buscando señalar sin fundamento. Estamos buscando respuestas.
Queremos saber qué ocurrió realmente con el proyecto, qué pasó con los recursos obtenidos por la venta de boletos, cuál es la situación actual de los reembolsos y qué responsabilidad corresponde a cada una de las partes involucradas.
También pedimos que las empresas y proveedores locales que participaron puedan ser escuchados.
Hoy necesitamos que alguien también nos explique qué pasó.
Ante las versiones de que el concierto pudiera retomarse en una nueva fecha, consideramos indispensable que cualquier intento de reactivar el proyecto se haga con condiciones claras, garantías y transparencia para compradores, patrocinadores, proveedores y promotores locales.
No queremos que vuelva a ocurrir lo mismo.
Queremos que se nos escuche.
Porque cinco meses después, para muchas personas el tema no ha terminado.
El escenario puede estar vacío, pero detrás de ese escenario quedaron familias, empresas, trabajadores y compradores esperando recuperar su dinero y, sobre todo, esperando una explicación.
Nosotros también fuimos afectados. Nosotros también tenemos derecho a ser escuchados.
Y queremos saber: ¿cuándo tendremos una respuesta definitiva y cuándo podremos recuperar nuestro dinero?















