- Sin agua, comida ni radio, dos pescadores sobrevivieron a la deriva hasta que una avioneta de la Marina los encontró en altamar.
Tapachula, Chiapas.— Una hielera dejó de servir para guardar pescado y se convirtió en su única posibilidad de regresar con vida. Durante cinco días, Daniel Guerrero Martínez y José Luis Portela Villa permanecieron a la deriva, soportando hambre, sed y el intenso sol, después de que su embarcación naufragara durante la madrugada.
Todo ocurrió cerca de las tres de la mañana. Los pescadores descansaban antes de reiniciar la jornada cuando una ola comenzó a llenar la lancha. Intentaron sacar el agua, pero una segunda embestida del mar terminó por hundirla. No hubo tiempo para rescatar el radio, alimentos ni agua.
Vaciar una hielera fue prácticamente su única opción. Se subieron a ella y utilizaron recipientes de combustible para ayudarse a mantener el equilibrio. Desde ese momento quedaron a merced de las corrientes, sin posibilidad de avisar dónde estaban.
Los días transcurrieron sin una gota de lluvia. Con un costal se protegían del sol y trataban de conservar fuerzas. Daniel, de 54 años y pescador desde los 17, jamás había enfrentado una situación semejante. José Luis, de 35, tampoco sabía cuánto tiempo más podrían resistir.
Mientras sus familiares esperaban noticias, autoridades estatales, Protección Civil y la Secretaría de Marina desplegaron una búsqueda por mar y aire.
Al quinto día, el ruido de una avioneta rompió el silencio. Los pescadores levantaron el costal y comenzaron a hacer señales. La aeronave de Marina pasó sobre ellos, dio vuelta y regresó.
Los habían visto.
Horas después llegó un helicóptero naval para realizar el rescate. Ambos fueron llevados a un buque, donde finalmente recibieron agua, alimentos y atención médica, antes de ser trasladados a instalaciones navales.
Daniel regresó sin embarcación ni equipo y con una decisión rondándole la cabeza: después de más de tres décadas dedicado a la pesca, considera retirarse.
El mar se llevó sus pertenencias y cinco días de sus vidas. Lo que no pudo llevarse fue aquella hielera que, contra todo pronóstico, terminó siendo su salvación.






























